jueves, 25 de noviembre de 2010

El buen Teddy.

Hay un niño –un pequeño genio llamado Teddy- que en la cubierta de un barco charla animadamente con Nicholson, un profesor universitario. Los dos conversaban en un nivel intelectual bastante alto sobre las palabras y las cosas. Eligen, para empezar, el ejemplo de un simple trozo de madera. El profesor dice que se trata de algo fácilmente reconocible: tiene una medida de largo, otra de ancho, un peso determinado. Teddy no  está de acuerdo y niega las dimensiones que su interlocutor atribuye al objeto. Todos creen que las cosas se detienen en un cierto punto – argumenta-. Y eso no  es así. La única razón por la cual parecen detenerse en cierto punto es porque la gente no  conoce otra manera de mirarlas.

A continuación  Teddy le pide a Nicholson  que levante un brazo.

-          ¿Cómo se llama eso? –lo provoca.
-           ¿Y cómo se va a llamar? Brazo.
-          ¿Cómo lo sabe? -insiste el joven-. Usted supone que se llama brazo, ¿Pero quién le dijo que es un brazo? ¿tiene alguna prueba?

-          NIcholson se cansa del rumbo absurdo que va tomando la conversación y le dice: terminemos con tantas vueltas, esto es un brazo y se acabó. Y tiene que tener un nombre para que se le pueda distinguir de los demás objetos.

Teddy no  se inmuta. Me está dando una respuesta vulgar y yo estaba tratando de ayudarlo. Usted debe querer saber cómo hago para salir de las dimensiones finitas cuando quiero. Le voy a responder. Simplemente no empleo la lógica cuando lo hago. La lógica es lo primero que hay que dejar de lado… ¿Usted se acuerda de la manzana que Adán comió en el jardín del Edén como se cuenta en la Biblia? ¿Sabe lo que había en esa manzana? Lógica. Pura lógica y demás cosas intelectuales. Eso es lo único que tenía adentro. Usted debería vomitar todo eso cuanto antes. Si lo hace no va a tener más problemas con trozos de madera y no  verá los objetos como detenidos en el tiempo. Sabrá qué es en realidad su brazo. Pero la mayoría se resiste a ver las cosas como son. Nunca vi a tanta gente comiendo manzanas como  ahora.

El profesor queda perplejo. Pero antes de despedirse quiere hacerle a Teddy una última pregunta:

-          ¿Qué harías si pudieras modificar el sistema de enseñanza?
-          No sé qué haría –piensa el joven-. Pero creo que primero reuniría a todos los alumnos y les enseñaría a meditar.  Trataría de llevarlos a descubrir quiénes son y no  simplemente cómo se llaman… antes les haría olvidar lo que les dijeron sus padres y los demás. Quiero decir: aunque los padres les hayan dicho que un elefante es grande, yo les sacaría eso de la cabeza. Un elefante es grande solo cuando está a lado de otra cosa, digamos, un perro, una señora… es más: ni les diría que un elefante tiene trompa. Lo máximo que haría sería mostrarles el elefante si tuviera uno a mano; pero los dejaría ir hacia el animal sabiendo ellos tanto de él, como el elefante de ellos, es decir,  nada. Lo mismo haría con el pasto y el resto de lo existente. Ni siquiera les diría que el pasto es verde. Los colores son solo nombres sin sentido. Porque si usted les dice que el pasto es verde, van a empezar a esperar que tenga un aspecto determinado, ese que usted les enseñó, en vez de algún otro que puede ser igualmente bueno y quizá mejor. No sé. Yo les haría vomitar hasta el último pedacito de manzana que sus padres y todos los otros les han hecho morder.
El profesor, cada vez más confundido, atina a replicar:
-          ¿No correríamos el riesgo de formar a una generación de pequeños ignorantes?
-          ¿Por qué? –contraataca Teddy-. El hecho de que se sea de cierta forma en lugar de comportarse de tal otra no significa que alguien  sea un ignorante.




Agradecimientos a Luis Gruss, por el magnífico aporte.








2 comentarios:

  1. Elvis Delgado Alvis, UCSP - Derecho25 de noviembre de 2010 a las 20:46

    El nombre es "voz significativa arbitraria". Esa arbitrariedad no debe ser motivo de conocimiento, motivo del cual reniega Teddy.

    Recuerdas el ejemplo del profesor Jorge Oliva y la "arboleidad"?
    -¿Qué es eso? (señalando un árbol)
    -Es un árbol (nombre-arbitrario-)
    -Pero ¿Qúe es un árbol? ¿Qué lo hace ser un árbol?
    -su "arboleidad"...
    Podemos usar este mismo ejemplo con el brazo del profesor y su "brazeidad", no interesa el nombre, sino su esencia.

    El nombre es una figura creada por el hombre y su necesidad intelectual con el propósito de de facilitar la identificación y abstracción del conocimiento. No obstante, su noble fin, está sujeta a la arbitrariedad. Lamento ser redundante pero es necesario.

    Pienso que no debemos "vomitar" la lógica, ya que es gracias a ella que podemos aproximarnos, discernir, percibir sin error lo arbitraria y lo substancial del ente, es decir, encontrarnos con "brazeidad" del brazo o la "arboleidad" del árbol.

    =)

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  2. Ciertamente caer en un relativismo por el cual todo es posible de verdad y aun asi pretender que existe conocimiento es un poco confuso e incompatible... pero si lo ves desde el punto de vista en el cual realmente mucho de lo que entendemos lo hacemos por un mero nombre que no lo cuestionamos y no somos mas que un producto hecho con plantilla, es admitible cuestionar las cosas.
    Mas que nada no se cuestiona la esencia sino el caracter accidental que tiene todo ser y el porque de la arbitrariedad en la comprension de los accidentes por todos nosotros y cómo es que llegamos a eso...

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