miércoles, 24 de noviembre de 2010

Un olor a jabón barato [en "combi"].

Después de mucho esperar, note que la "combi" que me deja a cuadra y media de casa, se aproximaba. Levanté el brazo para "detenerla". Como era de esperarse una jauría de gente bajó de la combi y otra subió -en esa jauría estaba yo-.

Mala suerte,  todos los asientos ocupados. Frente a la puerta, decididamente me quedé parado. Gente entraba y subía,  pero nadie lograría moverme de mi actual posición. Podían meterme codazos, pisarme los dedos, e incluso posar sus húmedas axilas en mi hombro, pero no sería suficiente para conculcar mi voluntad. No claudicaré; hoy no.

Una anciana subió. Inmediatamente una señorita se levantó y le cedió el asiento de modo muy educado. Tenía el cabello ondulado, la tés trigueña, espalda delgada y descubierta y un vestido que caía hasta la mitad de sus bien tonificados muslos; me vio y sonrió, sentí la inclinación de embestirla, pero, propio de mi, viré la vista hacia otro lado y me relajé viendo el paisaje de la ciudad.

Miento. Cada rompe-muelles y esquina violentamente tomada, era razón suficiente para ver la bella figura que formaba su vestido al hacer contacto con sus glúteos, más aun, saber que ella se había percatado de mis peripecias, y consciente de ello, no mostraba incomodidad alguna, invitándome a desprenderme de mi actual guarida y a acercarme poco a poco -tras cada esquina mal tomada - a su figura.

No muy lejos de aspirar sus desnudos hombros; casi sintiendo su aroma a shampoo y jabón barato, un hombre, de figura amorfa y brillante, por causa de la transpiración de su frente y pecho, camisa abierta hasta el tercer botón y mal acomodada al pantalón, como si acabase de orinar, subió a la combi y arbitrariamente ocupó mi puesto de batalla. Un relevo que jamás pedí, un atropello. Gordo de mierda -pensé-. 

Mis ojos no se apartaban de la escena: el gordo se acercó con la misma habilidad que yo en un inicio, y aprovechando que la combi  se presumía llena, pegó su asqueroso vientre, a la esbelta espalda de la pobre. Pensé en algún modo de liberarla, ella  merece algo mejor tras de su espalda. Un vientre con menos manteca y vellos, un vientre joven y enérgico dispuesto a complacer sus más oscuros deseos carnales.

Todo iba de mal en peor. La joven se veía incomoda tras la constante fricción entre su cuerpo y la del usurpador de camisa verde. Me limitaba a verlos. El hombre, una y otra vez, pegaba su asquerosa "panza" para luego proceder a montar su pelvis en los glúteos de la pobre joven. Ella, indefensa como un ciervo, no podía más que recibir aquellos violentos empujones con total sumisión. Yo, me sentía impotente por no poder evitar aquel ultraje; lo sucia que se sentiría la pobre tras haber sido palpada de tan violento modo, era para mi, inimaginable. Tras cada oportunidad, el agresor, retornaba a su perezoso y sexual ejercicio. En ella se percibían marcas de sudor, del mismo que brotaba de aquel hombre. 

Solo quedaban dos cuadras antes de bajarme. Pronto, mi tortura acabaría. La de la pobre y educada joven aun no. Al hombre se le veía entretenido, y a ella... satisfecha.



3 comentarios:

  1. asu madreeee.... pobre joven educada!
    es un problema el no decir ANDA GORDO DE MIERDA VETE MAS ALLÁ!
    es un problema ser "educado" jajajajajajaja

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  2. waaa... pobre niña... aunque el verdadero problema es que ni tu ni ella se movian... hay maneras de educadamente mandar a alguien a la mierda. Pero bueno... es realmente el miedo el que nos detiene y la caballerosidad bueno... esta en peligro de extinsion.

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  3. qué jodon! es como alicia! Pero bueno, interesante forma de narrar :D! si algun dia tienes tiempo te pasas x el mio XD!

    P.D. Acoso via feizbuk!

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